Cuando lo que Dios hace no tiene sentido

Estracto tomado del libro «Cuando lo que Dios hace no tiene sentido » Dr. Jame Dobson

A continuación para su deleite, unos parrafos del apreciado libro Cuando lo que Dios hace no sentido. Páginas 115, 116 y 117, lo que dice éstas páginas es de sumo interés para ser leido y pensado muy a profundidad.

Todos los que ya hace bastante tiempo que son cristianos, han tenido la experiencia de orar por algo que Dios parece no concederles. Por ejemplo, regresemos a la historia del cáncer de piel de mi padre. Aunque fue sanado de su enfernedad, en la actualidad tanto él como mi madre está con el Señor. Nuestra oraciones sobre otras enfermedades que tuverion después no impidieron que partieran de este mundo cuando el Señor les llamó a través de la línea divisoria entre la vida y la muerte. Si esto le inquieta a usted, recuerde que Lázaro, a quien Jesús levantó milagrosamente de los muertos, volvió a morir después. Todas las personas, a las que Jesús sanó, finalmente murieron. Se dice que el tiempo cura todas las heridas.

Cuando lo que Dios hace no tiene sentido

¿Parece ser esto una contradicción de la afirmación acerca de la oración, que expresé anteriormente? ! No debiera parecerlo ! Piense por un momento en la clase de mundo que éste sería, si en todas los casos Dios haciera exactamentelo que le exigiéramos. En primer lugar, los creyentes sobrevivirían por cientos de años a los incrédulos. El resto de los seres humanos se encontraria atrapados en cuerpos que estarían deteriorándose, pero los cristianos y sus hijos vivirían en un mundo feliz, reservado para ellos. Nunca tendrían dolor de muelas, cálculos renales, ó miopía. Tendría éxito en todos sus negocios, sus hogares serían hermosos, etc. Todo el fundamento de la relación entre Dios y el hombre sería destruido poco a poco. Las personas buscarían la amistad con él para obtener los beneficios adicionales, en vez de como resultado de un corazón arrepentido y lleno de amor hacia él. En realidad, la gente más codiciosa de entre nosotros sería la primera en ser atraida a los beneficios de la vida cristiana. Lo más importante de todo es que las evidencias del imponente poder de Dios eliminarían la necesidad de tener fé. Como escribió el apostol Pablo en Romanos 8:24 : «…Pero la esperanza que se vé, no es esperanza; porque lo que alguno vé, ¿a qué esperarlo?» .

Por lo tanto, nuestra fé no está afianzada en señales y maravillas, sino en el Dios soberano del universo. El no «actuará» de acuerdo con nuestras instrucciones, con el propósito de impresionarnos. Jesús censuró a los que quería que exhibieran sus milagros, con las siguientes palabras: «La generación mala y adultera demanda señal; pero señal no le será dada…» (Mateo 12:39) El quiere que le aceptemos sin que tengamos ninguna prueba. Jesús le dijo a Tomas: «…bienaventurado los que no vieron, y que creyeron» (Juan 20:29). Nosotros servimos a este Señor no porque él hace lo que nosotros queramos, sino porque confiamos en su preeminencia en nuestras vidas. En fin de cuentas, él debe ser, y él será, el que decidirá que es lo que nos conviene más. Nosotros no podemos ver el futuro. No sabemos cuál es su plan. Sólo percibimos el cuadro pequeño, y ni siquiera lo vemos muy claramente. Teniendo el cuenta esta limitación, parece increiblemente arrogante de nuestra parte que le digamos a Dios lo que él tiene que hacer, en vez de darle a conocer nuestras necesidades, y luego rendirnos a su voluntad.

Jesús mismo, nos dío ejemplo de esta actitud de sumisión. En el huerto de Getsemaní, le pidió a su Padre que apartara de él la «copa» de humillación y muerte. El sabía bien lo que significaba la crucifixión. La tención emocional era tan intensa que grandes gotas de sangre salieron a través de su piel. En términos médicos, ese fenómeno se llama «hematidosis», y sólo le ocurre a personas que están experimentando la más grande de las angustias. Sin embargo, incluso en medio de ese agudo dolor, Jesús oró diciendo: «…pero no se haga mi voluntado, sino la tuya» (Lucas 22:42).

Hay muchos otros ejemplos biblicos de esta clase de sumisión a la autoridad de Dios. En tres diferentes ocasiones, el apóstol Pablo le pidió al Señor que quitara de él la molestia que el llamó «un aguijón en mi carne». Tres veces la respuestá fué «no» . En cambio, el Señor le dijo: «Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad»
(2 corintios 12:9 ).

Excelente libro… Lo anterior sólo es un breve estracto para que meditemos sobre la soberanía de Dios. Básicamente él hace su voluntad en su creación.

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