Jehovismo y transfuciones de sangre

El Jehovismo y las transfusiones de sangre

Hasta el año 1945, los TJ no tenían nada en contra de las transfusiones de sangre. En una de sus revistas, titulada Luz y Verdad , en 1934, se refieren a las transfusiones de sangre con estas palabras:

“Hoy, como todo el mundo lo sabe, las transfusiones de sangre son cosas comunes, pero siempre es necesario analizar previamente la sangre que ha de inyectarse. […]

“¿No venden muchas madres la leche que la naturaleza les dio para los hijos? Por esto no debe admirarnos que haya quienes comercien con su sangre. […]

Es evidente, por esta cita, que, en aquella época, los Testigos de Jehová estaban completamente de acuerdo con las donaciones de sangre y en absoluto decían nada en contra de las transfusiones de sangre.

Era la época del segundo presidente del Jehovismo, Rutherford, quien murió en 1942. Fue sucedido por Nathan H. Knorr (1942-1977). Bajo la presidencia de este tercer presidente, a los tres años de su mandato, es cuando el Jehovismo, dando un giro de ciento ochenta grados, lanza la prohibición de las transfusiones de sangre para todos los Testigos de Jehová; y lo hace, no como una decisión humana del CG , sino como habiendo llegado a emitir esa prohibición por causa de una revelación; así lo relata el mismo CG:

“Desde 1945 especialmente, verdades concernientes a la sangre comenzaron a ser reveladas y desde entonces han servido como guía para todos los que respetan la ley de Dios sobre la santidad de la sangre.” ( 124 /655-656).

Observamos que, en esta cita, se dice: “la ley de Dios sobre la santidad de la sangre”. Por tanto, el CG tiene buen cuidado de presentar esta prohibición no como una decisión de los dirigentes del Jehovismo, sino como un respeto de la ley de Dios sobre este tema. Ahora bien, alguien podría decir: si los dirigentes del Jehovismo se dedicaban, desde hacía más de cincuenta años, a enseñar “las verdades de la Biblia” ( 67 /219), ¿cómo no se habían dado cuenta antes de esa ley de Dios? Por esto, esta prohibición no se presenta tampoco como un descubrimiento, que esos dirigentes hubieran hecho en la Biblia, lo cual podría tener dos aspectos negativos para ellos:

a) Aparecerían como unos ignorantes de la Biblia, porque no se habían enterado que, en ella, existía esa ley.

b) Serían responsables de las consecuencias nefastas y trágicas de esa prohibición.

Por tanto, el CG presenta esta prohibición como una revelación recibida desde 1945 . Además, como esa revelación no fue recibida, según el CG, de una forma puntual, en un momento dado, sino de forma progresiva: ” desde 1945″, esto les deja la puerta abierta para que, en lo sucesivo, puedan ir agregando todos los detalles que quieran a esa prohibición. Por otra parte, al tratarse de una revelación, Dios es el único responsable de todos los desaguisados que esa prohibición iba a producir; los cuales, en forma de muertes trágicas y absurdas , son de dominio público. Por consiguiente, pasamos a ver la doctrina jehovista sobre la negativa a las transfusiones de sangre, la cual, como observaremos, nada tiene que ver con ninguna ley de Dios.

La Biblia prohibe que se coma la sangre de los animales. El CG del Jehovismo saca, de esa prohibición, dos consecuencias insólitas:

a) que esa prohibición también incluye las transfusiones de sangre;

b) que, si una persona dona parte de su sangre, ya no puede amar a Dios con toda su alma. He aquí el razonamiento de esos genios:

“Su abarcamiento no está limitado en cuanto al tiempo, ni se le restringe a sangre de animales o al introducir la sangre en el cuerpo a través de la boca. La terminología lo incluye todo: ‘Que se mantengan libres … de sangre.’

“Puesto que estaba prohibido el introducir la sangre de otra criatura en el propio cuerpo de uno, necesariamente sería incorrecto el dar la sangre de uno para que la transfundieran al cuerpo de otra persona. Esto está implicado en el mayor mandamiento de la Ley, que dice: ‘Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente.’ (Mateo 22:37) ¿Y qué está envuelto en amar a Dios con toda nuestra alma? Recuerde que en su declaración postdiluviana de la ley a Noé, Dios igualó el alma con la sangre, diciendo: ‘Solo carne con su alma – su sangre – no deben comer.’ (Génesis 9:3, 4) Más tarde volvió a declarar el principio a los israelitas: ‘La sangre es el alma.’ (Deuteronomio 12:23) No podemos sacar de nuestro cuerpo parte de esa sangre, que representa nuestra vida, y todavía amar a Dios con toda nuestra alma, porque hemos quitado parte de ‘nuestra alma – nuestra sangre – ‘ y la hemos dado a otra persona.” ( 111 /7-8). 2)

Esta declaración por supuesto es un absurdo a todas luces.

Por consiguiente, el CG, apoyándose en este “erudito y sabio razonamiento suyo”, decreta que se viola la “ley de Dios” si se introduce en el cuerpo cualquier componente de la sangre, “para sostener la vida”; porque eso es como si se consumiera la sangre; éstas son las palabras del CG:

“Al progresar la investigación médica, se han producido métodos por los cuales la sangre puede ser separada en sus partes componentes. Los médicos pueden usar plasma en vez de sangre íntegra. Los glóbulos rojos se pueden usar aparte del plasma, y las proteínas del plasma pueden ser separadas para tratamiento especializado.

“¿Violan la ley de Dios estos procedimientos médicos que envuelven el uso de sangre? ¿Es incorrecto el sostener la vida por medio de administrar una transfusión de sangre o plasma o glóbulos rojos u otras de las partes componentes de la sangre? ¡Sí! La ley que Dios le dio a Noé hizo ilegal el que cualquier persona comiera sangre, es decir, la usara para alimentación o para sostener la vida. Puesto que esto es incorrecto en el caso de sangre de animales, es aún más reprensible en el caso de sangre humana. La prohibición incluye ‘sangre alguna’ (Levítico 3:17) No afecta al asunto el hecho de que la sangre no se introduzca en el cuerpo por la boca sino por las venas. Tampoco tiene valor el argumento de que no se puede clasificar con la alimentación intravenosa porque su uso en el cuerpo es diferente. El hecho es que provee nutrición al cuerpo para sostener la vida.” ( 111 /13-14) y (150/ 145). 3)

Por fin, el CG pensante, pensando por todos los TJ con antelación, les advierte:

“No van a pensar que si almacenan alguna de su propia sangre para transfusión, ésta va a ser más aceptable que la de otra persona. Saben que Dios exigía que la sangre vertida se derramaba en el suelo. Tampoco van a pensar que una infracción ligera, como el almacenar por breve período de tiempo alguna sangre en una jeringa cuando se saca de una parte del cuerpo para inyectarla en otra parte, es de alguna manera menos objetable que almacenarla por un período de tiempo más largo.” ( 111 /14-15).

Observaciones a esta doctrina asesina

Como el CG dice que la prohibición sobre la sangre “no está limitada en cuanto al tiempo”, él también expone esta doctrina en una publicación suya sin fecha de edición, para que, así, tampoco esté limitada en el tiempo. Por otra parte, sobre el insólito argumento de que una persona que haya donado parte de su sangre, ya no puede “amar a Dios con toda su alma”, por haber donado parte de ella a otra persona a través de una transfusión, podríamos preguntar, al CG , ¿cómo puede “amar a Dios con toda su alma” un TJ que haya perdido, en un accidente, la misma cantidad de sangre que otra persona haya donado para una transfusión? Como los sabios individuos del CG ya han pensado en todo y por todos, nos responden esto:

“El cuerpo humano mismo está equipado maravillosamente, no sólo para actividad rutinaria, sino también para enfrentarse a emergencias. Si hay pérdida de sangre, el cuerpo del individuo normal está listo para enfrentarse a la situación. Se usan abastecimientos de reserva de fluido del cuerpo para aumentar el volumen fluido de la corriente sanguínea, y el tuétano y el bazo actúan para compensar por la pérdida de glóbulos sanguíneos.” ( 111 /45). 2)

Vemos que, con ese absurdo razonamiento del amor a Dios, lo único que enseñan esos individuos, a sus seguidores, es que ellos no pueden amar a Dios constantemente con toda su alma; porque, ¿cuál será el TJ que no pierda en algún momento alguna gota de su sangre? Además, si el organismo actúa, en una emergencia, “Si hay pérdida de sangre”, para compensar por esa pérdida, ¿por qué no va a suceder igual si la pérdida de sangre ha sido por donar parte de ella para una transfusión? En ambos casos, el organismo recuperará de la misma forma la pérdida de sangre que haya tenido, y la persona en cuestión ya podrá otra vez “amar a Dios con toda su alma”. Por tanto, es evidente que, con dicho argumento, lo único que enseñan es que nadie puede amar a Dios constantemente con toda su alma; porque, en cuanto una persona pierda parte de su sangre en un accidente, hasta que el organismo la vuelva a recuperar, habrá una bajada de tensión en el amor a Dios, porque falta parte del alma (de la sangre). ¿Y qué decir de las TJ? Según esa filosofía profunda del CG , ellas nunca pueden amar a Dios con toda su alma constantemente, sino periódica e intermitentemente; su amor a Dios es algo así como unos dientes de sierra, con subidas y bajadas de intensidad. Parece que ese CG es algo así como una cuadrilla de humoristas, que se carcajean a costa de “las otras ovejas”.

Por otra parte, observamos cómo asimilan el hecho de comer sangre al hecho de introducirla por las venas, cuando dicen:

“No afecta al asunto el hecho de que la sangre no se introduzca en el cuerpo por la boca sino por las venas”.

Esta asimilación es un error craso, porque una transfusión es un transplante de un tejido líquido; por tanto, cuando se introduce sangre por una vena, ésta queda en el organismo y no se digiere, igual que si le transplantan a uno un riñón, por ejemplo; pero, si una persona se come la sangre o un riñón, esto se digiere y no queda en el organismo; pero, parece que lo que el CG quiere es mártires: TJ que mueran por la causa jehovista, para demostrar, a los demás Testigos de Jehová y a los ingenuos, que ellos son más cristianos que nadie. En efecto, en la portada de una revista jehovista, aparecen las fotografías de veintiséis adolescentes de ambos sexos, con una leyenda en un recuadro que dice: ” Jóvenes que pusieron a Dios en primer lugar “; después, en las págs. siguientes, se habla de algunos de ellos, que se dejaron morir por no aceptar una transfusión de sangre (125/1-15). Para que otros sigan ese mismo camino, los TJ llevan una tarjeta (del tamaño de una tarjeta de visita) con una leyenda que dice: ” AVISO ninguna transfusión de sangre . Como Cristiano, temeroso de Dios, y como creyente en su Palabra, la Biblia: Pido, por medio de la presente, que no se me dé sangre en ninguna forma, clase o circunstancia, ni aun bajo peligro de muerte, por ser un mandato divino. […].”

Esto es la enseñanza del CG , cuando dice que la sangre no debe meterse en el cuerpo, ni por la boca ni por una vena, para que no sirva para mantener la vida: “¿Es incorrecto el sostener la vida por medio de administrar una transfusión de sangre o plasma o glóbulos rojos u otras de las partes componentes de la sangre? ¡Sí!”. Así, pues, si, cuando hay que poner una transfusión, para “sostener la vida”, se enseña, a un TJ, que eso no debe hacerse, se le está enseñando que tiene que dejarse morir, o dejar morir a otra persona; y el TJ así lo hace, como lo vemos en esas veintiséis fotografías que el mismo CG nos presenta; sólo él es el responsable ante Dios de esas muertes, por ser el inventor de esa doctrina asesina.

También vemos cómo iguala, el CG , la sangre de los animales con la sangre humana, para que ambas queden incluidas en la prohibición de comer sangre; he aquí su enseñanza:

“Puesto que esto es incorrecto en el caso de sangre de animales, es aún más reprensible en el caso de sangre humana. La prohibición incluye ‘sangre alguna’ (Levítico 3:17).” (111 /14).

“¿Aplica a la sangre humana también esta debida aversión a la sangre?

“Sí. Y eso es completamente entendible, puesto que la ley de Dios prohibía consumir ‘cualquier clase de sangre’, ‘sangre de toda clase de carne.’ (Levítico 17:10, 14)”. ( 112 /9-10).

“[…] la Biblia exige lo siguiente: El ser humano no debe sostenerse la vida con la sangre de otra criatura. (Génesis 9:3, 4) Cuando se quita la vida a un animal, la sangre que representa esa vida debe ser ‘derramada,’ debe ser devuelta al Dador de Vida. (Levítico 17:13, 14) Y, como decretó el concilio apostólico, los cristianos deben ‘abstenerse de sangre,’ lo cual aplica tanto a la sangre humana como a la sangre animal.- Hechos 15:28, 29.” ( 112 /16). 5)

Observamos que la base en que se funda toda la argumentación del CG , para oponerse a las transfusiones de sangre, consiste en afirmar que la prohibición de comer sangre de los animales incluye también la “sangre humana”. Este es radicalmente el punto que hay que aclarar; porque, si la Biblia no incluye, en la prohibición de comer sangre de los animales, la “sangre humana”, entonces, toda la doctrina jehovista contra las transfusiones de sangre, se cae por su base. Aclarar esto es concluyente para determinar si esa doctrina jehovista tiene una base bíblica o es un invento del CG. Por esto, lo que dice la Biblia sobre la prohibición de comer sangre de los animales debe estar bien claro en la mente de cualquiera antes de hablar de este tema con un TJ; porque de este punto depende que toda la doctrina del CG se mantenga o se derrumbe por su base. En efecto, si la prohibición de la Biblia no incluye la “sangre humana”, se acabó esta doctrina del CG tan siniestra para los Testigos de Jehová. Así que pasemos a estudiar este punto en la Biblia.

El nulo fundamento bíblico de esta doctrina del CG

1) En varios pasajes del Antiguo Testamento, se halla la prohibición de comer sangre, y también en el Nuevo Testamento (Hechos de los Apóstoles 15:20, 29). He aquí las palabras de esta prohibición en el AT y en el NT:

“[…]: ‘No comeréis la sangre de ninguna carne, […]’.” (Levítico 17:14), ( 22 /125).

“[…] que se abstengan […] de sangre.” (Hechos 15:20), ( 22 /1476).

2) Ahora bien, si sólo tomásemos estos textos fuera del contexto en que se prohibió comer sangre en el AT, del cual pasó al NT, nos quedaríamos sin enterarnos del verdadero alcance de esta prohibición, con lo cual cualquier desaprensivo podría señalarnos los límites de la misma a su conveniencia, que es lo que hace el CG respeto a todos sus seguidores. Por tanto, para tratar el tema de esta prohibición adecuadamente, tenemos que remontarnos a la primera vez que Dios habló de lo que debía comer el hombre, y comenzar desde allí nuestro estudio, sin enredar las cosas (como las enreda el CG ), y fundándonos sólo en la Biblia, puesto que los TJ pretenden que su doctrina sobre este asunto es completamente bíblica.

3) En el principio, Dios señaló, al hombre, una alimentación que no incluía ninguna clase de carne:

“Dijo Dios: ‘Mirad que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra y todo árbol que lleva fruto de semilla: eso os servirá de alimento. […]'” (Génesis 1:29).

4) Después, cuando iba a llegar el diluvio, Dios dividió los animales en dos grupos: “puros” y “no puros”. Noé debía introducir en el arca “siete parejas” de los primeros, y una pareja de los segundos; y ésta era “para que sobreviva la casta sobre la haz de toda la tierra”. Éste es el relato: “De todos los animales puros tomarás para ti siete parejas, el macho con su hembra, y de todos los animales que no son puros, una pareja, el macho con su hembra. (Asimismo de las aves del cielo, siete parejas, machos y hembras) para que sobreviva la casta sobre la haz de toda la tierra.” (Génesis 7:2-3).

5) Cuando terminó el diluvio, Dios dijo, a Noé, que sacara del arca los animales que habían estado allí encerrados durante el diluvio, para que se multiplicaran sobre la tierra: “[…]. ‘Saca contigo todos los animales de toda especie que te acompañan, aves, ganados y todas las sierpes que reptan sobre la tierra y sean fecundos y se multipliquen sobre la tierra.'” (Génesis 8:17).

6) Entonces, autorizó Dios que el hombre comiera carne; pero le prohibió que comiera la sangre; éste es el relato de cómo lo dijo Dios a Noé: “Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde. Sólo dejaréis de comer la carne con su alma, es decir, con su sangre, […].” (Génesis 9:3-4).

7) Puesto que de los animales “impuros” sólo se había guardado, en el arca, una pareja, para que sobreviviera “la casta sobre la haz de toda la tierra”, y, cuando acabó el diluvio, se los sacó del arca para que se multiplicaran “sobre la tierra”, y, además, no se dice que se hubieran multiplicado en el arca durante el diluvio, es evidente que, cuando acabó éste, sólo había “una pareja” de cada “casta” de animales “impuros” y “siete parejas” de animales “puros”. Esto demuestra que Noé y su familia no podían comer nada más que de los animales “puros”; porque en cuanto hubieran comido un solo animal “impuro”, su “casta” se habría extinguido. Por esto, no podían comer de los animales “impuros”, porque sólo fueron guardados en el arca para perpetuar su “casta”.

8) Por tanto, vemos que, cuando acabó el diluvio, había dos grupos de animales, además de los hombres:

a) Los animales “impuros”, de los que no se podía comer nada.

b) Los animales “puros”, de los cuales se podía comer la carne; pero no la sangre.

c) Los hombres, de los cuales, Dios dijo entonces que no se mataran entre sí; por estar hechos a imagen de Dios:

“Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo Él al hombre.” (Génesis 9:6).

9) Así, pues, es evidente que el hombre forma un grupo aparte de los otros dos grupos de animales; porque el hombre fue hecho a imagen de Dios, como se relata en Génesis 1:26-27.

10) Más tarde, cuando Dios puso sus leyes por escrito por medio de Moisés, dio una ley para distinguir entre estos dos grupos de animales (“puros” e “impuros”):

“Yahvéh habló a Moisés y a Aarón, diciéndoles: Hablad a los hijos de Israel y decidles: De entre todos los animales terrestres podréis comer éstos: (aquí continúan los artículos de esta ley para diferenciar esos dos grupos de animales, y el capítulo termina así):

“Esta es la ley acerca de los animales, de las aves, y de todos los seres vivientes que se mueven en el agua, y de todos los que andan arrastrándose sobre la tierra; para que hagáis distinción entre lo impuro y lo puro, entre el animal que puede comerse y el que no puede comerse.” (Levítico 11:1-2, 46-47).

11) Por consiguiente, por medio de esta ley, los animales vuelven a quedar divididos en dos grupos: “puros” e “impuros”, como en los tiempos de Noé; pero el hombre vuelve a quedar al margen de esos dos grupos de animales. Veamos lo que dice Dios de cada uno de esos dos grupos de animales, cuando da sus leyes por medio de Moisés: a) En lo que se refiere a los animales “impuros”, se ve claro que estaba prohibida su consumición en todas sus partes (carne y sangre) como alimento, incluso la prohibición incluía el hecho de tocar sus cadáveres:

“No comeréis su carne ni tocaréis sus cadáveres; serán impuros para vosotros.” (Levítico 11:8). b) Por lo que concierne a los animales “puros”, cuya carne sí se podía comer, Dios vuelve a prohibir que se coma la sangre de ellos: “Cualquier hombre de la casa de Israel, o de los forasteros que residen en medio de ellos, que cace un animal o un ave que es lícito comer, derramará su sangre y la cubrirá con tierra. Porque la vida de toda carne es su sangre. Por eso mando a los hijos de Israel: ‘No comeréis la sangre de ninguna carne, pues la vida de toda carne es su sangre. Quien la coma será exterminado’.” (Levítico 17:13-14). c) Por lo que toca al hombre, éste vuelve a quedar excluido de esos dos grupos de animales “puros” e “impuros”, y, lo mismo que Dios había prohibido que se lo matara en tiempos de Noé (Génesis 9:6), vuelve ahora a prohibirlo otra vez en el Decálogo , diciendo: “No matarás.” (Éxodo 20:13).

12) Como acabamos de ver (en el punto 11, b ), la prohibición de comer la sangre de un animal lleva implícita la autorización de comer su carne (ya que se trata de animales ” que es lícito comer “); por lo que es evidente que el hombre y su sangre no tienen nada que ver en estos asuntos. Por tanto, acerca del hombre (que no está incluido en esos dos grupos de animales “puros” e “impuros” – insistimos en este hecho -), Dios vuelve a prohibir que se lo mate por estar hecho “a su imagen” (Éxodo 20:13), como lo había prohibido en tiempos de Noé (Génesis 9:6). Por esto, prohibir comer la sangre del hombre equivaldría a rebajarlo desde su puesto de “imagen de Dios” al nivel de los animales “puros”, que se los podía matar y comer su carne, a condición de derramar su sangre y cubrirla “con tierra”, como hemos visto en Levítico 17:13-14. Exactamente lo contrario de lo que Dios dice referente a la sangre del hombre : que no se derrame (Génesis 9:6); esto es, que no se lo mate (Éxodo 20:13).

13) Podemos resumir, en estos tres recuadros que van a continuación, lo que venimos diciendo sobre dichos tres grupos:

Grupo Grupo Grupo
Animales “impuros” : prohibido comerlos en su totalidad (Levítico 11:8). Animales “puros” : se come su carne; prohibido comer su sangre (Levítico 17:13-14). El hombre : prohibido matarlo (Génesis 9:6 y Éxodo 20:13 ).

14) Llegados aquí, concluimos este Apéndice haciendo las siguientes observaciones:

a) Es evidente que la Biblia sólo prohibe comer la sangre de los animales del grupo 2º , pues de los animales del grupo 1º estaba prohibido comerlos en todas sus partes.

b) Por tanto, cuando el CG del Jehovismo incluye en la prohibición de comer la sangre de los animales del grupo 2º , el hecho de comer la sangre de los seres del grupo 3º , al decir: “La prohibición incluye sangre humana[…]. No afecta al asunto el hecho de que la sangre no se introduzca en el cuerpo por la boca sino por las venas”, comete una atrocidad antibíblica; porque la prohibición de comer sangre no incluye la sangre de los seres del grupo 3º ; y, por tanto, al incluir al hombre en el grupo 2º , lo rebaja de su posición de “imagen de Dios” al nivel de los animales del grupo 2º , a los cuales se podía matar y comer su carne a condición de no comer su sangre, según Levítico 17:13-14. Por tanto, queda desenmascarada la doctrina falsa del CG del Jehovismo, como una doctrina asesina, y el CG tendrá que responder ante Dios por todas las muertes causadas por esa doctrina inventada por él ( cuando dice: “La prohibición incluye sangre humana “), y que, en absoluto, nada tiene que ver con la Biblia, ni con ninguna ley de Dios que se refiera a la sangre humana, como que ampliamente probado en este Apéndice .

c) Así, pues, cualquiera que desee aplicar para sí mismo la prohibición que hace la Biblia sobre no comer sangre, basta con que se abstenga de comer la sangre de los animales, tal como está dicho en Levítico 17:13-14; pero, al mismo tiempo, no podrá rechazar, recurriendo a la Biblia, que se realice una transfusión de sangre, para salvar una vida, ya sea recibiendo o donando sangre; porque, de lo contrario, si impide dicha transfusión, dejará que una persona muera, lo cual es contrario a la voluntad de Dios, que no quiere que muera ni siquiera un impío; así lo dice por medio del profeta Ezequiel:

“Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. […].” (Ezequiel 33:11), ( 5 /795).

15) Para terminar este Apéndice, aportamos un resumen de un relato puesto en internet

por Jason Patrick, ex Siervo Ministerial de los TJ, quien informa de lo sucedido, en Sydney (Australia), a un TJ, amigo suyo, llamado Sam Perrota, a la esposa de éste, Simone y a la única hija de ambos, Angelique, de tres años de edad. La madre y la hija sufrieron un accidente de circulación. La niña necesitaba con urgencia una transfusión de sangre; pero, mientras la madre era atendida de sus heridas en una habitación del hospital, en la habitación de la hija, se desarrolló una tragedia; los médicos rogaban al padre que autorizara una transfusión de sangre para su hija, que con seguridad le salvaría la vida; el padre se negó rotundamente, y la niña murió por pérdida de sangre el 16 de agosto de 1996. La madre se recuperó; pero quedó mal de los nervios, por lo que tenía que tomar diariamente un medicamento. Sam, que fue muy afectado por la muerte de su hija, se puso a investigar el fundamento de la doctrina jehovista sobre la negativa a las transfusiones de sangre; halló que esa doctrina no tiene ningún fundamento bíblico. Presentó, a los dirigentes de los TJ en la congregación a la que pertenecía, la información que había encontrado; éstos, sin molestarse de leerla, lo expulsaron “acusado como apóstata, traidor, fornicador espiritual, agente del Diablo”. A partir de esta expulsión, Sam ya no podía hablar con ningún TJ; porque el TJ que habla con un expulsado, también es expulsado. Entonces, la esposa, Simone, de 25 años de edad, tomó una gran cantidad del medicamento que estaba usando, y también murió el 27 de julio de 1997. Así, Sam, por culpa de la doctrina del CG , se quedó sin esposa, sin hija y sin religión. Su amigo Jason termina este relato dirigiéndose a todos los TJ y al CG con estas palabras: “Hermanos, los insto a que por favor INVESTIGUEN esta doctrina, tal como el joven SAM lo hizo después de la muerte de su hija. No tiene que ser demasiado tarde como les sucedió a Sam y Simone.

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