el arrepentimiento sincero

El arrepentimiento

En las Escrituras el arrepentimiento es presentado como un paso necesario para entrar al Reino de Dios.

“Haced pues frutos dignos de arrepentimiento” (Mt. 3:8)

“No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lc. 5:32)

“A éste, Dios ha exaltado con su diestra por príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.” (Hch. 5:31)

“Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” (Hch. 11:18)

“Sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.” (Hch. 26:20)

“O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” (Ro. 2:4)

La idea que transmite el arrepentimiento es la necesidad de una conversión a Dios que incluye un cambio en la manera de pensar, de sentir y de actuar.

CAMBIO EN LA MANERA DE PENSAR

En cuanto al cambio en la manera de pensar, el arrepentimiento implica una transformación en las apreciaciones que se han tenido acerca de Dios, del pecado y de sí mismo. En el caso de la parábola del hijo pródigo el regreso a casa estuvo marcado, inicialmente, por un cambio en la manera de pensar (Lc. 15:17-19).

CAMBIO EN LA MANERA DE SENTIR

En cuanto al cambio en la manera de sentir, la Biblia enseña que cuando se produce un verdadero arrepentimiento acontece una conmoción emocional en la persona. Nadie puede arrepentirse y seguir tan frío como una piedra. (Mt. 26:75; 2º Co. 7:9-10).

CAMBIO EN LA MANERA DE ACTUAR

En cuanto al cambio en la forma de actuar, el arrepentimiento es la frontera entre una vida disipada y una vida consagrada a Dios que da frutos dignos de arrepentimiento. Las Escrituras hacen gran énfasis en la verdad de que el verdadero arrepentimiento debe mostrarse por los hechos (Mt. 3:7-8; 7:21-23; 21:28-32; Lc. 6:43-45; Ap. 2:5).

Para que se produzca un arrepentimiento legítimo, deben presentare los cambios en los tres aspectos señalados de manera simultánea.

Si hay un cambio en las acciones, pero no en el pensamiento ni en el sentir tan sólo se ha producido una reforma religiosa, no una conversión.

Si hay un cambio en los sentimientos, pero no en la actuación ni en la forma de pensar sólo se ha producido un remordimiento.

Si hay un cambio en el pensamiento, pero no en el actuar o en el sentir solamente se ha producido una persuasión intelectual.

El arrepentimiento es un don de gracia que Dios concede de acuerdo a su libre voluntad (Hch. 5:31; 11:18; Ro. 2:4; 2º Ti. 2:25).

Pero además, el arrepentimiento es una responsabilidad que Dios demanda de todo ser humano (Hch. 17:30). De manera que si alguna persona no se arrepiente resulta culpable de rebeldía ante Dios y reo de condenación; pero, si por el contrario, se arrepiente, debe alabar a Dios quien es el único que puede conceder la gracia de experimentar el arrepentimiento para vida.

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.