Cómo corregir a los hijos

¿ Cómo corregir a mi hijo ?

Algunos expertos en formación infantil sostienen que un gran porcentaje de los padres educan a sus hijos de manera similar a como sus progenitores los educaron a ellos. ¿Qué significa esto? Básicamente, que repetimos lo que vivimos en la niñez. Si a ti te criaron con golpes, lo más probable es que tú también golpees a tus hijos. Reflejo puro.

Si le preguntas a cualquier persona te dirá que los golpes no son buenos para educar y criar a un niño; sin embargo, cuando se trata de corregir, la violencia en todas sus manifestaciones se hace presente con más frecuencia de la que quisiéramos.

Vamos a examinar el mismo escenario desde tres diferentes perspectivas:

Escenario

Tienes prisa, pero te interesa que tu hijo desayune antes de ir a la escuela primaria. Sirves la leche, de la que, por cierto, ya queda muy poca; tu hijo por descuido tira el vaso, el cual se rompe y se derrama todo el líquido.

Opción 1: Castigar a tu hijo de forma histérica

Tu reacción: gritas, le propinas un coscorrón, tratas de calmar a sus hermanos (con gritos), le recriminas por derramar la leche y le das la letanía de lo caro que está todo, de lo mucho que te esfuerzas, de lo poco que te ayudan, y tal vez hasta puedes mencionar que se trató de una acción “tonta” u otro adjetivo descalificador y denigrante, y los envías a la escuela.

La realidad: Este tipo de actitudes no corrigen conductas, esto es, el niño no va a ser más cuidadoso la próxima vez, solo lo hará o simulará hacerlo cuando tú estés cerca; su cambio es solo transitorio y generado por el temor a recibir un golpe o un regaño. Esto se presta al abuso, pues reaccionas desde tu enojo y puedes llegar a perder el control y, por último, los niños llegan a volverse retraídos y su autoestima baja porque llegan a creer que son incapaces o que no pueden aprender.

Opción 2: Sobreproteger a tu hijo

Para evitarte problemas y perder el tiempo, le sirves la leche en “un vaso entrenador” para que no derrame leche y lo lleve en el automóvil, de quererlo; nunca usas vasos de vidrio porque lo rompe, todo es plástico en tu casa. Lo vistes, lo arreglas y le pones comida para el recreo; lo subes al carro (con todo y vaso) y le dices lo mucho que lo quieres y lo dejas en la escuela.

Lo más seguro es que de esta manera nunca llegues tarde a ningún lado, no luches con tus hijos en las mañanas y obviamente no los hagas independientes, autosuficientes, autónomos y que, además, los incapacites para todos los días de su vida. Recuerda: “Cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo” (María Montessori).

Opción 3: Permitir que tu hijo sea responsable

Esta vez conservas la calma y le pides que recoja el vaso; se corta, lo revisas, lo mandas a lavar y le das una bandita; luego le pides que continúe recogiendo y limpie o, si es muy tarde, que a su regreso podrá limpiar lo que ensució. Desayuna otra cosa e incluso se va solo con un vaso de agua en la panza (porque ya no hay leche ni ningún otro alimento), y lo llevas a la escuela, donde lo despides con un beso. Al día siguiente, le pides que sea él quien sirva la leche y lo felicitas por hacerlo de forma adecuada.

¿Demasiado duro para el niño? o ¿demasiado duro para ti? Permitir que nuestros hijos asuman las consecuencias naturales de sus actos es todo un proceso de vida que le permite volverse responsable, autónomo y seguro de sí mismo. ¿Que requiere invertir más tiempo? ¡Claro que sí! Estamos criando niños, no ganado, no una planta. El niño que pronto experimenta las consecuencias de sus actos –tanto positivas como negativas– pronto podrá autorregularse y su dignidad y autoestima estarán intactas. Te parecerá tiempo perdido en la infancia, pero la adolescencia te confirmará que fue un buen tiempo invertido.

familias.com

Deje un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.