celos ministeriales

Celos ministeriales absurdos

Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda; pero otros de buena voluntad. (Filipenses 1: 15)

Desde la antiguedad, muchos predicaban a Cristo por diversos motivos; algunos eran llamados por Dios y otros lo predicaban por envias y celos ministeriales. Lastimosamente eso no ha cambiado en nuestros tiempos, es más; se ha incrementado.

“…Y debido al aumento de la iniquidad, el amor de muchos se enfriará.” (Mateo 24:12) Esto también abarca a los “ministros cristianos” su amor por Dios definitivamente se ha enfriado.

Es de lo más patético y común ver ministros compitiendo por quién tiene la congregación más hermosa, el auditorio más lleno, la mejor estación de radio, el traje más caro, el último y mejorado jet privado de lujo, etc.

Todos quieren ser más “ungidos” que los otros, no por el amor a las almas, sino por el amor al dinero y la competencia ministerial.

Esta excelente ser competitivo, pero eso no significa tener envias y celos ministeriales con otros siervos de Dios.

El ser competitivo debe ser algo personal, debes competir contigo mismo y no con los demás

“Pero a cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia conforme a la medida del don de Cristo.” (Efesios 4:7)

Nunca tuvo celos Eliseo de Elias, anhelaba ser como él, que es distinto !!

Los celos y envias ministeriales no ayudan EN NADA  a la iglesia.

Dios no ha llamado siervos a competir, los ha llamado a servir.

Lo que en verdad importa son las almas perdidas y las ovejas que alimentar. El noble llamado al ministerio no debe ser opacado por infructuosas peleas entre “ministros”.

La gratificación personal es vanidad, las peleas estériles son absurdas. “… sino que Dios nos ha llamado para vivir en paz.” (1º Corintios 7:15)

Eliminémos de nuestros corazones los celos y las envias. ¡¡Deja en paz a los demás y vela por tu propio rebaño!!

Haz la obra para la que Dios te ha llamado, cumple tu ministerio y deja que Dios use a los demás ministros como Él considere oportuno. No todos tenemos el mismo llamado y por eso es absurdo competir con nuestros hermanos.

La pelea (la buena batalla) es contra el Diablo, el pecado y sobre todo; con nostros mismos. Jamás con los demás ministros de Jesucristo.

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